A PROPÓSITO DE LA DISTRACCIÓN CON EL BUSTO.

Por:Amaury Taveras

Copio de Margarita Cordero. “Tengo una relación difícil con los héroes (y con las heroínas, pero como estas son tan pocas en la historia oficial, me causan menos problemas). Así que el busto monumental de Duarte inaugurado recientemente en la Plaza de la Bandera, no ofende mi sentimiento patrio, si acaso mi anémico gusto estético. Si se parece a Danilo Medina, no lo apuesto. Lo que sí es que no se parece a Duarte, pero al real, no al que Abelardo Rodríguez Urdaneta esculpió guiándose por un cuadro pintado por Alejandro Bonilla y que pasó a ser la imagen oficial del patricio por razones políticas e ideológicas que deberíamos estudiar. Me hace sonreír cómo algunos especialistas basan su crítica al bodrio recién nacido (que, confieso, no he visto “face à face”) en su comparación con el busto de Rodríguez Urdaneta. ¿Cuál es la historia de la imagen de Duarte convertida en oficial? Si la conociéramos, es probable que habláramos con mayor fundamento. Como no aspiro a que me crean a mí, les copio lo que escribe el historiador Orlando Inoa sobre la foto que para los dominicanos y dominicanas “es” Duarte.
«Al finalizar el verano del año 1887, Alejandro Bonilla había terminado un retrato de Juan Pablo Duarte. Era una interpretación libre de la figura de Duarte ayudado por los recuerdos que tenía del patricio así como también los recuerdos de otros que le habían conocido. El de Bonilla es el primer retratado de Duarte del que se tenga noticia y se hizo para subsanar el desaire que la foto auténtica del patricio había causado en la población (que en su mayoría no lo conocía) cuando llegó desde Caracas en el año 1883. Este retrato de Bonilla gustó más que la fotografía auténtica de Duarte porque el artista usó como modelo ‘las facciones de un rey moderno de Europa’ . (…) No conforme con el rejuvenecimiento de Duarte hecho por Bonilla, Abelardo Rodríguez Urdaneta realizó en el 1892 otro retrato de Duarte más joven y elegante, el cual con el tiempo ha devenido en el retrato oficial del fundador de la Patria».

En el epígrafe que en el libro acompaña a las tres que arriba se publican (dos de Bonilla y una de Rodríguez Urdaneta), el historiador escribe: «Según Federico Henríquez y Carvajal (“Duarte” y “He visto a Duarte”), en el año 1877 el pintor Alejandro Bonilla, hojeando una revista ilustrada, vio “un magnífico fotograbado de un príncipe germano, de sorprendente parecido con el prócer dominicano. Tomó de aquel algunos rasgos y con la ayuda de su memoria integró con ellos la efigie del Fundador de la República”. Un segundo cuadro fue hecho diez años después, en 1887, acogiendo sugerencias de Rosa Duarte. La representación de Duarte hecha por Bonilla cobró importancia cuando la Comisión Municipal que trasladó los restos de Duarte al país en el 1884, trajo consigo el único retrato conocido de Duarte. La imagen captada en esa fotografía, dice Henríquez y Carvajal, lo representaba en “edad provecta, ya caduco, u en una pose harto violenta y sin duda ajena al elevado y noble carácter de Duarte”. En el año 1892, el cuadro de Bonilla sirvió a Abelardo Rodríguez Urdaneta para pintar un Duarte “en plena edad viril y antes del doloroso declive del héroe”. Bonilla y Rodríguez Urdaneta comenzaron una litis sobre los derechos iconográficos que terminó en los tribunales. Años después, el retrato de Bonilla, junto a la foto de 1873, pasaron a ser las imágenes oficiales de Duarte».

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